Falla Quart Palomar Mami Natura

La falla Mami Natura ocupa un lugar muy especial en mi trayectoria como artista fallero, porque fue la primera falla que construí íntegramente en mi propio taller de la Ciudad Fallera. Aquel momento supuso un antes y un después, no solo a nivel profesional, sino también personal. Era el inicio de una etapa marcada por la responsabilidad de levantar un monumento desde cero, tomando todas las decisiones y asumiendo cada fase del proceso fallero.

Recuerdo perfectamente los primeros días en el taller, rodeado de bocetos, planchas de poliestireno, madera, herramientas y ese olor tan característico de cola, pintura y serrín que acompaña cualquier construcción fallera. Mami Natura nació con la voluntad clara de transmitir un mensaje, algo que para mí siempre ha sido tan importante como el propio acabado del monumento. Quise hacer una falla que hablara de sostenibilidad, de respeto por el entorno y de la relación que mantenemos con la naturaleza.

La idea se articuló alrededor de una figura materna, una madre simbólica que protegía y observaba, representando a la naturaleza como origen y sostén de la vida. Desde el diseño inicial hasta el modelado, cada escena y cada ninot estaban pensados para reforzar ese mensaje. No se trataba solo de hacer una falla bonita, sino de construir un monumento con intención, con lectura y con fondo.

El trabajo en el taller fue intenso y muy formativo. Como artista fallero, me enfrenté a todos los procesos: desde el dibujo y el planteamiento estructural, pasando por la carpintería, el modelado de volúmenes, el ensamblaje de piezas y, finalmente, la pintura. Fue una experiencia muy completa, en la que combiné técnicas tradicionales del oficio fallero con nuevas formas de trabajar los materiales, siempre buscando soluciones prácticas y coherentes con el mensaje de la falla.

La pintura tuvo un papel fundamental en Mami Natura. Los colores, las texturas y los acabados se cuidaron al detalle para reforzar la idea de naturaleza, equilibrio y armonía. Cada pincelada en el taller era una forma de cerrar el discurso del monumento, de darle vida y coherencia al conjunto.

Cuando llegó el momento de la plantà, sentí una mezcla de nervios, orgullo y emoción. Ver la falla levantarse en la calle, comprobar que todo encajaba y que el mensaje llegaba al público fue una experiencia difícil de olvidar. Mami Natura no fue solo una falla más; fue el reflejo de un aprendizaje, de un crecimiento y de una manera de entender las fallas desde el compromiso y la conciencia.

Hoy, mirando atrás, guardo un recuerdo muy bonito de aquella falla y de todo lo que supuso. Mami Natura marcó el inicio de mi camino en la Ciudad Fallera y sentó las bases de mi forma de trabajar como Carlos Borràs, artista fallero, siempre con la intención de que cada monumento tenga alma, mensaje y respeto por la fiesta y por el entorno.